La terapia nos permite observar y acceder a pensamientos, recuerdos y sentimientos ocultos. El proceso terapéutico es un espacio privilegiado para que podamos reorganizar lo que hemos experimentado, expresar los contenidos que hemos reprimido y liberarnos de aquello que nos causa malestar.
Sin embargo, crear contenido interno puede ser un proceso muy doloroso. Puede que sintamos miedo de empezar terapia y no nos sintamos preparados para embarcarnos en este viaje. ¿Y por qué da miedo la terapia? ¿Cuáles son nuestros mayores miedos acerca de la terapia? ¿Cómo afrontar la ansiedad en terapia? En este artículo, Ivory Therapy busca reflexionar sobre estas cuestiones y desbloquear posibles inseguridades con respecto a la terapia.

Empezar terapia no es nada fácil. ¿Cuántos de nosotros nos sentimos ansiosos, asustados o inseguros antes de decidir programar la primera cita con el psicólogo? Muchos de nosotros… o incluso todos.
La decisión de concertar una cita con un psicólogo nos genera muchos miedos e inquietudes. Podemos temer ser juzgados o incomprendidos por el psicólogo, y la idea de que nuestro sufrimiento sea rechazado o devaluado puede volverse aterradora. Es natural sentir miedo en nuestra primera visita al psicólogo. Al fin y al cabo, nos expondremos a una persona que acabamos de conocer. Por eso, ir al psicólogo es un acto de valentía, porque aunque podamos sentir miedo, elegimos invertir en nuestra salud mental y bienestar.
Pero entendamos mejor cómo funciona el proceso terapéutico para que podamos familiarizarnos con él y gestionar nuestra ansiedad antes de la terapia.
Como nos dice la autora, psicóloga y psicoanalista Manuela Fleming, imaginemos el proceso terapéutico como un viaje, que realizaremos en coche con nuestro terapeuta. Nos pondremos al volante del coche y el psicólogo estará a nuestro lado. A lo largo del viaje se generará una relación única y auténtica entre nosotros y el terapeuta, denominada relación terapéutica, que será la base de todo el proceso.
Durante el viaje terapéutico, se espera que nuestro psicólogo adopte una actitud de aceptación incondicional, respeto, interés, flexibilidad y apertura a la experiencia hacia nosotros, los clientes. Esta postura nos permitirá sentirnos bienvenidos a hablar de lo que queramos.
Aun así, incluso en un espacio seguro, es natural que a veces tengamos miedo de hablar o nos sintamos ansiosos, anticipando en nuestra mente “¿qué pensará mi terapeuta si le digo x o y?”. Sin embargo, a nuestro lado en este viaje que es la terapia, encontraremos una persona que quiere estar con nosotros en el coche, y que realmente quiere conocernos, y, sobre todo, quiere que nos conozcamos a nosotros mismos, tal como somos.
La psicoterapia puede dar miedo porque es un espacio totalmente centrado en nosotros. Sin embargo, es un proceso compartido. No estaremos solos. A través del diálogo abierto, la confianza mutua, el tiempo invertido y las técnicas y metodologías (basadas en evidencia científica), se generará un vínculo terapéutico reparador que promueve el cambio.

La ansiedad antes de la terapia puede estar relacionada con el hecho de que no estamos preparados para mirar dentro de nosotros mismos. Una de las necesidades fundamentales para la existencia del Ser Humano es la búsqueda de aceptación. Por lo tanto, actuamos con amabilidad, solidaridad y afecto, e intentamos ocultar nuestros errores o nos culpamos cuando realizamos acciones que interpretamos como desagradables. En terapia, descubriremos que los juicios de valor pueden ser desafiados y que podemos cometer errores, sin que esto nos convierta en “malas personas”.
Otra resistencia que podemos manifestar es el tiempo que tarda la terapia en producir sus efectos o los métodos y técnicas utilizados por el psicólogo.
Actualmente, estamos muy centrados y consumidos por la inmediatez. Queremos y necesitamos soluciones rápidas a nuestros problemas. Sin embargo, la terapia es un proceso largo, donde no hay respuestas correctas ni soluciones rápidas. Descubrir nuestro yo interior puede llevar algún tiempo y necesitamos darnos ese tiempo. La flexibilidad es fundamental en terapia, ya que nos permite asimilar e integrar el cambio gradualmente.
A menudo pensamos que la terapia es solo hablar y que no nos ayudará, porque necesitamos algo más tangible. Y teniendo en cuenta esta mentalidad, a menudo podemos demostrar oposición al psicólogo como resistencia, es decir, a lo que él/ella nos devuelve en terapia, contradiciendo sus sugerencias o cuestionando sus técnicas.
Es importante entender que la psicoterapia se basa en evidencia científica y que es practicada por profesionales que han completado una especialización y que también han pasado por su propia terapia. Un ejemplo de esto es Ivory Therapy, una plataforma que cuenta con varios psicólogos clínicos certificados disponibles para sesiones de terapia (en varios idiomas).
Si tenemos miedo o ansiedad por empezar o seguir una terapia, porque tenemos que viajar, es importante entender que la terapia puede realizarse presencialmente (es decir, en el consultorio del terapeuta) y online (mediante una videollamada con el psicólogo). Ivory Therapy tiene un artículo que explica cómo funciona la terapia online.

En resumen, hay varias razones por las que la terapia puede asustarnos. Miedo a lo desconocido, al juicio o a la incomprensión, ansiedad por lo que podamos descubrir de nosotros mismos, e innumerables otras resistencias que podemos llevar con nosotros al espacio terapéutico.
Es natural sentir miedo a lidiar con nuestra conciencia sensorial inmediata. Y así surge la resistencia. Esta consiste en una traducción interpersonal de nuestros conflictos sobre el cambio y, por lo tanto, constituye una parte integral del viaje terapéutico.
En las sesiones iniciales, nuestra resistencia parece aumentar. Sin embargo, a medida que avanzan las sesiones, basándonos en la alianza terapéutica con el psicólogo, cuando nos sentimos acogidos, creamos la sensación de que la terapia es un espacio seguro para exponernos tal como somos.
Finalmente, debemos hablar de nuestra resistencia al proceso terapéutico. Si abordamos la resistencia en terapia, nos hacemos conscientes de ella y nos liberamos de la energía que contiene, y de esta manera, somos parte activa de nuestro proceso de cambio. La terapia puede dar miedo, pero tiene resultados efectivos a largo plazo para mejorar el bienestar y nuestra salud mental.