La experiencia y la percepción del mundo, de nosotros mismos y de los demás, están empezando a ser mediadas por lo que consumimos virtualmente. Las pantallas –mundos virtuales– también se convierten en un espejo de otros “yo” y las redes sociales en parte integral de nuestra vida cotidiana, abriendo una nueva forma de experiencias sociales, ampliando las posibilidades de comunicación (p. ej., permitiéndonos tener contacto diario con familiares y amigos físicamente distantes), acceso a información y nuevos conocimientos, entretenimiento y cultura, permitiendo experiencias compartidas de situaciones y promoviendo un sentido de pertenencia a una comunidad global. En la era de la primacía de las pantallas, los patrones de comunicación e interacción han cambiado, dando paso a un sentido de gratificación instantánea, la inmediatez del refuerzo positivo, la intensidad discontinua, la velocidad y la proximidad. ¿Es un mundo feliz o no?
El mundo se entrelaza. Se expande y se encoge. Te acerca y te aleja. Conecta y desconecta. Aunque su relación –redes sociales y salud mental– sea paradójica, con un clic se supera la soledad y se genera el aislamiento, se esconde una identidad y se generan muchas otras. También existe el riesgo de adicción (a menudo asociada con síntomas depresivos y menor autoestima) y ciber victimización, el miedo a perderse algo, el estrés y la ansiedad causados por la exposición constante a diversos estímulos y la insatisfacción con la imagen corporal. Este culto a la belleza es tan antiguo como el mundo, enmarcado en el mercado del capitalismo y el patriarcado, lo que lleva a que su inalcanzabilidad esté ligada a la ansiedad social, los prejuicios, la desigualdad y el aumento de la insatisfacción corporal.
Las redes sociales virtuales no sustituyen la interacción en la vida real. Y aunque están diseñadas para acercar a las personas, ¿suelen tener el efecto deseado? Pensemos en cuántas horas pasamos en las redes sociales cada día… ¿Cuántas veces hemos salido a socializar con conocidos y/o extraños y hemos pasado más tiempo navegando por el mundo virtual que interactuando cara a cara? ¿Han las redes sociales precedido a los momentos de juego o conversación? ¿Cuántas veces el uso del teléfono inteligente antes de acostarse parece haber dificultado el sueño?

Pero, ¿es la tecnología el problema? ¿O más bien un desequilibrio en su uso?
Las tecnologías digitales no son buenas ni malas en sí mismas, son herramientas que tienen beneficios potenciales para la salud, pero que, según cómo las usemos, también pueden exponernos a riesgos y peligros que comprometan nuestra salud física y psicológica. El consumo excesivo se asocia con un menor bienestar psicológico, pero la calidad del uso de las redes sociales también es un factor a considerar en la mejora o el deterioro de nuestra salud mental.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra relación con las redes sociales y promover nuestra salud mental?
- Filtrar contenido. ¿Por qué estoy viendo esto? ¿Por qué es importante para mí? Seleccionar contenido que pueda sernos útil y descartar aquel que no tenga un propósito definido y positivo para nosotros.
- Modo sin conexión o "modo avión". ¿Cuántas veces hemos dejado de pasar tiempo con nuestros amigos y familiares y/o de hacer actividades al aire libre para dedicarnos a las redes sociales? Quizás sea hora de activar el "modo avión" o simplemente no llevarlo con nosotros y aventurarnos "fuera de la pantalla" (p. ej., leer, quedar con amigos, hacer actividades físicas o artísticas). Además, desactivar las notificaciones de las redes sociales y resistir el pitido, el toque o el zumbido constantes puede ayudarnos a gestionar nuestro tiempo y concentración.
- Evitar comparaciones. ¿Con qué frecuencia nos comparamos al ver contenido de belleza, bienestar y estilo de vida en las redes sociales? Pasamos horas navegando, admirando caras, cuerpos y vidas "perfectas" e inalcanzables, pero lo que vemos en línea no corresponde con la realidad de la mayoría de las personas. Es importante centrarse en las relaciones reales.
Nuestra salud y bienestar dependen de nuestra capacidad para interactuar eficazmente en este desafiante espacio. La dependencia de las tecnologías digitales es una realidad, por lo que, si reducir su uso aún nos resulta difícil o nos causa sufrimiento, ¡los psicólogos de Ivory pueden ayudarnos!
Lo que vemos y hacemos en línea tiene un impacto en nuestras vidas fuera de línea. No olvidemos que, en el ciberespacio o fuera de él, nuestra salud importa. Nuestro bienestar importa.